Espai [B] Gràcia

Un día cualquiera, caminando por el barrio de Gracia de Barcelona vi a un hombre dentro de un local desembalando  un cuadro,  al verlo me sentí incapaz de no entrar y descubrir que objetos se escondían dentro del lugar.

Sin saberlo me encontraba dentro de la galería Espai [B] de Barcelona que promociona el arte contemporáneo emergente desde sus diferentes disciplinas tanto de nuevos creadores como de artistas con una amplia trayectoria. En el fondo de la galería hay una sala donde los cuadros se apilan o se cuelgan sin criterio aparente en pared dando la impresión que te encuentras en el taller de alguno de los artistas, y donde tienes permiso para tocar, si TOCAR, y cotillear cuanto uno se le antoje. También tienen una pequeña habitación donde se proyectan las fotografías y podemos adquirir sus reproducciones en formato papel.

Una galería donde sus propietarios han sabido crear un ambiente agradable donde el visitante/comprador se siente cómodo, se divierte husmeando entre los cuadros y puede ver o adquirir obras de diferentes  técnicas artísticas y a un precio relativamente asequible. 

http://www.espaib.com

Markus Haub

Conrad Roset

Lluis Cadafalch

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Ferrán Adrià y elBulli. Riesgo, Libertad y Creatividad.

Comer es un placer y no hay que engañarse más, pero en qué momento pasa la comida de ser una necesidad básica  a ser algo extraordinario, la cocina de ser  cotidiana a algo único, y además pasa a estar expuesto en museo? En la exposición del Palacio Robert de Barcelona titulada “Ferrán Adrià y el Bulli. Riesgo Libertad y creatividad” nos da la respuesta.

A partir de un largo recorrido por diferentes ámbitos  con fotografías, videos, documentos,  proyecciones y elementos varios, nos llevan desde los orígenes del Bulli como chiringuito hasta el restaurante que cerró su cocina hace menos de un año.  Nos introducen en el  mundo de Ferran Adriá y del Bulli, nos dan a conocer como evolucionó la cocina del restaurante hasta llegar a la denominada cocina de vanguardia, la cual no reside en plato grande escasa comida sino en descubrir ese sexto sentido que propone Ferrán Adrià a partir de la construcción de un nuevo lenguaje  en la cocina. Desde el razonamiento y la reflexión lleva el juego, la ironía, la metáfora, el recuerdo, etc.  y nos lo pone sobre la mesa.   El cocinero  realiza un proceso creativo mediante la búsqueda de un método y  de forma espontanea e inconsciente dando lugar a la idea que se llevará a cabo.  A esto ya no se le puede llamar cocinar, Ferrán Adrià crea.

La exposición termina con dos ámbitos muy interesantes en los que se refleja el trabajo multidisciplinar que se realizaba en el Bulli  en contacto con el diseño grafico, industrial, la arquitectura, la ciencia e incluso podemos escuchar música  de la cocina o opiniones de artistas de la talla de Richard Hamilton sobre el Bulli y Ferrán Adrià el cual no escatima en halagos.  Y finalmente terminamos con los postres y una emotiva despedida de todos los que forman el Bulli en su última cena.  Uno sale del Palacio Robert con un  gran apetito y entendiendo porque a Ferrán Adrià dejó de llamársele cocinero y para pasar a denominarlo creador.

Históricamente comida y arte han tenido una relación la cual encontramos en el género del bodegón y su evolución, la naturaleza muerta empezó siendo una mimesis de realidad para llegar a ser un imagen simbólica del intelecto y el alma, y a poder proporcionar experiencias extraordinarias.  Actualmente la comida y la cocina se exhibe como una nueva forma de arte donde creatividad, innovación, sentimiento, novedad y libertad se unen dando lugar a un nuevo arte, y en eso estamos, en un momento en que los diferentes agentes y los diferentes poderes legitimadores andan empujando la concina de vanguardia hacia el mundo del arte.

Nuevas Experiencias con Xavier Le Roy

¿Qué se os ocurre si os digo que en la Fundació Tápies de Barcelona se está haciendo una exposición sobre Xavier Le Roy,  coreógrafo y bailarín, titulada retrospectiva?  Supongo, que igual que a mí, esperáis encontrar una documentación gráfica como fotografías, vidImageeos y artículos entre otras cosas, con algunos letreros informativos sobre sus periodos y experiencias varias.  Pues bien, no hay nada de esto. En una de las salas de la Fundación, blanca y sin sonido, se sitúan cuatro bailarines que te dan la bienvenida apareciendo por cada una de las esquinas de la sala e informando del año que representan cada uno de ellos.  Se colocan y realizan una pequeña coreografía que hace que no sepas donde atender ni que significa. Pero el desconcierto no termina  aquí, una vez terminada uno de los bailarines se acerca y te explica lo que acabas de ver,  y le añade su historia, su propia retrospectiva  expresándola con su cuerpo y sus vivencias, evidentemente adaptando coreografías de Xavier Le Roy.  Se rompe con esa cuarta pared teatral  que hace que tanto bailarín como espectador este cómodo cada uno en su lugar, pero en este caso ellos sobrepasan la pared y te hacen participe de su actuación, interactúan con el espectador, y tengo que reconocer que en un principio no solo me sorprendió sino que me incomodó.  Para terminar de entender la exposición es imprescindible bajar al taller donde los bailarines se preparan sus  retrospectivas bajo la supervisión continuada del propio Le Roy.

Me parece una gran forma de presentar el trabajo del coreógrafo dentro de un museo,  a partir de las retrospectivas personales de cada uno de los bailarines, ficticia o no,  con  la danza de Le Roy, lo que hace que se despierte nuestra curiosidad de conocer la historia cada uno de ellos y como han adaptado la coreografía para expresarla, porqué que es la danza si no la expresión a través del cuerpo.

En esta exposición  se lleva más allá la danza y se muestra como una disciplina más dentro del arte, se rompe con los esquemas preestablecidos para la exposición dentro de una institución museística y rompe con la relación obra-espectador  tan sólida, y todas estas rupturas dan lugar a una nueva experiencia que para mí ha sido completamente satisfactoria.