Ecce Homo, de Pilatos a Borja.

En la provincia de Zaragoza encontramos una localidad poco, o nada, conocida por la mayoría de los españoles pero con una variedad de patrimonio cultural que bien podría ser motivo para su visita, como los restos del castillo árabe que da nombre al pueblo, su museo arqueológico, la colegiata donde además de poder acceder a una casa solariega aragonesa tenemos la posibilidad de ver obras góticas y renacentistas entre otras, o la Iglesia de origen románico  de San Miguel.

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Desde  hace un mes Borja, esta pequeña localidad Zaragozana, es ya conocida y la mayoría ya sabemos situarla en el mapa, no por su patrimonio, o su historia, si no por una  pequeña pintura  mural de Elías García Martínez, pintor  del siglo XIX-XX conocido solo por expertos hasta el momento. Se trata de un Ecce Homo deteriorado en el que una buena mujer  octogenaria y pintora se dedicó  a su libre restauración. Señalada por  todos como una inconsciente y única culpable del resultado del trabajo en el mural, según ella inacabado, sin mencionar  a los que le pidieron o autorizaron hacer la restauración, ya que dudo que la señora se metiese a escondidas en la ermita, de noche a la luz de linternas para hacer su trabajo. Doy por supuesto que estos señores/as, siendo conscientes del poco valor artístico de la pintura, sobre todo comparado con todo lo que se puede ver en el pueblo, le permitieron meter mano en la pintura para poder arreglarla de una forma económica, no creo que la abuela recibiese alguna amonestación por su labor además de la espiritual, y conociendo ya sus pequeñas labores de restauración que por lo visto ya había realizado en varias ocasiones, según refiere ella, se arriesgaron sin temor alguno. Pero ahora cambia la cosa, la nieta del autor del mural original vio el trabajo de restauración y escandalizada dio la voz de alarma, y ahora todo el mundo sobre valora la pintura  y  tacha de barbaridad y de sacrilegio la acción de la mujer.

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A diferencia de Cecilia, nuestra pintora aficionada a la restauración, su localidad ha sabido explotar este tirón de fama que les ha proporcionado este hecho curioso que ha proporcionado la diversión veraniega en los medios, y que junto a la grata coincidencia con las fechas de a sus fiestas locales los turistas se acercan a Borja solo para ver  el nuevo ecce Homo, hacerse  la fotografía junto  él y poder contar a la familia y sus amistades  “yo estuve allí  y  sí, se parece un mono del planeta de los simios”. Ha llegado a tal punto que en las redes sociales se cuelgan variantes de este Cristo doloroso, se han creado aplicaciones para móviles donde puedes restaurar tu mismo el Ecce Homo  y poner el rostro de quien te parezca,  y en varios telediarios podemos conocer la opinión e intención de las restauradoras profesionales que intentaran recuperar  la pintura original pero conservando la nueva, es más, esta desafortunada restauración ya ha pasado nuestras fronteras llegando a los estados unidos.

Borja  ahora tiene más visitantes que nunca gracias a  Cecilia,  y en mi opinión ella no ha sabido explotar  su impacto mediático o sus 15 minutos  de  fama que decía Warhol, ahora que sabemos de ella, para bien o para mal,  debería dar a conocer sus obras originales. Pero esta buena mujer se encuentra clausurada en su casa por una crisis de ansiedad, resultado de todas estas acusaciones y críticas que no ha podido digerirlas ni ha sabido encaminarlas en su beneficio, de forma que la abuela está en su casa con la esperanza de despertarse un día y que nadie la conozca.

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Cecilia Gimenez con su obra

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